“Tal vez –piensan sus hijos- ese pasado turbulento, 
                                   sangriento, ese constante guerrear en nombre
                                   de sus ideales, confusamente llamados Patria, 
                                   Pueblo, Independencia, y tantas veces traicionados, 
                                   había sido su vida y también su condena”.

                                                                                                                                    Juan Carlos Martelli









           Seis hombres encapuchados cruzaron de madrugada las galerías desiertas. Se movían entre las sombras en riguroso silencio, pero su actitud era serena y decidida. Afuera el clamor de la fiesta había cesado y sólo se escuchaba la canción obscena de un grupo de borrachos que aún seguían despiertos. Avanzaron en dirección al Sagrado a través del oscuro laberinto de corredores, patios y galerías; y finalmente giraron a la derecha por un corredor abovedado. Cerca de la arcada tenuemente iluminada que se abría al otro extremo, tres de ellos se descubrieron la cabeza y sacaron los mazos de madera que llevaban entre los pliegues de las túnicas.
            La Cámara del Hogar era un recinto amplio, con suelo de mármol y techos altos sostenidos por tres hileras de columnas. Dos legionarios, que el gobernador había apostado por las revueltas que el Partido Nacionalista había protagonizado la última semana, dormían sentados en el suelo, cerca de la entrada. Hacia el fondo de la estancia, en dos ánforas de bronce, ardían los fuegos perpetuos y un poco más atrás, sobre un estrado de cuatro escalones, dos centinelas levitas custodiaban el trono sagrado. La tradición decía que estaba reservado para un rey guerrero, que vendría a liberar al pueblo del yugo imperial y lo elevaría victorioso sobre las demás naciones del mundo. Cualquier otro hombre que se sentase en él moriría en el acto. Siglos antes, dos de los reyes más justos que la historia recordara habían creído ser los elegidos, pero dejaron la vida en el trono fulminados por la ira de Dios o agobiados por el peso de la sugestión y sus propios miedos. Desde entonces, ningún otro monarca había vuelto a intentarlo. 


   

          Cuando se fue a las montañas, al frente de un grupo de mineros y campesinos, la poeta chilena Gabriela Mistral lo llamó comandante del “Pequeño Ejército Loco”; siete años después, cuando regresó victorioso, el escritor francés Henri Barbuse lo rebautizó “General de Hombres Libres”. La noticia de su gesta dio la vuelta al mundo y su ejemplo fue recuperado por sectores políticos tan diversos como las tropas chinas de Chiang-Kai-Shek, “los barbudos” de la Sierra Maestra cubana y el movimiento revolucionario nicaragüense que, en su nombre, pondría fin a casi cuatro décadas de dictadura. 





Creyeron que te mataban con una orden de ¡Fuego!
                                                                                             Creyeron que te enterraban
                                                                                                                  y lo que hacían era enterrar una semilla.

                                                                                                                                                                         Ernesto Cardenal



           Augusto César Sandino nació en 1895 en el pueblo de Niquinohomo, al oeste de Nicaragua. Era hijo de un terrateniente y una recolectora de café que trabajaba en sus plantaciones. A los dieciocho años dejó la casa paterna y emprendió un viaje hacia el norte, durante el cual conoció la dureza del intervencionismo económico que Estados Unidos ejercía en América a través de sus empresas. Entre 1915 y 1926 fue zafrero de la Honduras Sugar, peón bananero de la United Fruit en Guatemala; petrolero de la South Pennsylvania Oil en México, y minero de la San Albino Minning de regreso a su tierra natal.


                  Rebelde consecuente, expulsado del colegio, desertor del servicio militar, desheredado por su padre, vagamundos infatigable, lector voraz, conversador políglota, adicto visceral, rockero de raza. A sesenta años de su nacimiento Bitácora de América homenajea a Luca Prodan, el cantante romano que se deseducó en Glasgow, murió en Londres, resucitó en las sierras de Córdoba, brilló en Buenos Aires y cambió para siempre la escena del rock argentino.  







              
                 A pesar de haber marcado un antes y un después en la historia colombiana del siglo XX, el Bogotazo continúa siendo un fenómeno poco investigado y menos difundido. Diversos intereses,  tanto de clase como políticos y geopolíticos, confluyeron en el asesinato del dirigente liberal Jorge Gaitán, que desencadenó una explosión social sin precedentes. Bitácora de América presenta una crónica de las jornadas que modificaron social, política y demográficamente a Colombia, que constituyeron el primer capítulo de la Guerra Fría en América y que dieron origen al movimiento guerrillero más longevo del mundo, las FARC.







             
           Ubicado en la comuna de San Miguel, al sur de la ciudad de Santiago, el Museo a Cielo Abierto presenta al público veintisiete obras pictóricas de 80 metros cuadrados, en diversas técnicas que combinan el muralismo y el graffiti. Una propuesta de iniciativa ciudadana, llevada a cabo por el centro cultural Mixart, dio origen a esta galería de arte público, de acceso libre y gratuito, sin restricciones de días ni horarios.



"Integración" de SETH y el Mono González, combina el grafitti con el muralismo estilo Brigada Ramona Parra.


          
           Cuando estaba a punto de culminar la escritura de Rayuela Julio Cortázar declaró que su lanzamiento sería "una bomba atómica en el escenario de la literatura latinoamericana". No se equivocaba, la novela fue un texto central del Boom, agotó catorce ediciones en diez años, fue traducida a treinta idiomas y aún continúa vendiendo treinta mil ejemplares anuales sólo en español. A medio siglo de la explosión la onda expansiva continúa conmocionando la escena literaria y en numerosas ciudades del mundo se conmemora la aparición de esta novela que inauguró una nueva forma de contar e hizo posible la aparición de un nuevo tipo de lector.




Portada de la edición 50 aniversario de Alfaguara.

             

         "De una manera u otra todos la buscan, todos quieren abrir la puerta para ir a jugar. Y no por el Edén, no tanto por el Edén en sí, sino solamente por dejar a la espalda los aviones a chorro, la cara de Nikita o de Dwight o de Charles o de Francisco, el despertar a campanilla, el ajustarse a termómetro y ventosa, la jubilación a patadas en el culo (cuarenta años de fruncir el traste para que duela menos, pero lo mismo duele, lo mismo la punta del zapato entra cada vez un poco más, a cada patada desfonda un momentito más el pobre culo del cajero o del subteniente o del profesor de literatura o de la enfermera), y decíamos que el homo sapiens no busca la puerta para entrar en el reino milenario (aunque no estaría nada mal, nada mal realmente) sino solamente para poder cerrarla a su espalda y menear el culo como un perro contento sabiendo que el zapato de la puta vida se quedó atrás, reventándose contra la puerta cerrada". Capítulo 71.


           
            Dos años después de su última presentación en nuestro país y de sus controvertidas declaraciones en Miami, el cantautor cubano vuelve este 26 de septiembre al escenario del Gran Rex para presentar su nuevo disco, "Renacimiento", una exploración de los ritmos autóctonos de la isla, que será lanzado al mercado en el mes de Julio.






Realizaron la labor de desunir nuestras manos 
y a pesar de ser hermanos nos miramos con temor.
Pablo Milanés